Todo Aparenta Normal @ CCK | 02.09.16

Como en el living

 

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No se es hijo del mundo sin antes abrazar el origen. O tal vez, en este caso, sin que el origen te abrace, como la bandera argentina hecha luz en la cúpula del Centro Cultural Kirchner cuando oscurece. La velada del 2 de Septiembre pareció encontrar su punto máximo de fulgor, vista desde aquel salón en la cima del ex Correo Central, a medida que el público hacía su gradual ingreso dejándose teñir la piel de celeste y blanco. La armonía en la sala era palpable. La gente iba encontrando poco a poco su lugar, conquistando una porción de suelo. Los instrumentos descansaban en sus soportes, esperando el momento propicio. Pronto, las luces se atenuaron con la irrupción de un tango que arrebató el relativo silencio del recinto, y la pantalla negra de inmensas letras blancas que rezaba “TAN” contrastó con la oscuridad que precedió la llegada de Todo Aparenta Normal al escenario.

La batería de Juan Pablo Alfieri rajó la tierra en un comienzo explosivo, con ornamentos de sintetizador manejado por el mismo guitarrista Lucas Barzan, en “Buenos Aires”: una breve pero detonante dosis de caos sonoro, determinada sacudir a la audiencia. La pantalla, situada detrás del escenario, proyectaba imágenes que complementaban la interpretación de la banda, y buscaban el delirio del público. Así como también el riff entreverado de “Agazapado” prolongó la vibra agresiva del tema inicial, acoplando el condimento visual que figuraba ruido blanco en una danza abstracta.

Naïve y bailable, “Jinete” se destacó por desplegar su melodía al galopar por la cúpula. Arpegios de luz anticiparon una calma imprevisible, y las luces disminuyeron con el fin de crear un nuevo clima. El sinte jugó con correntadas de viento, mientras que la pantalla dejaba caer gotas de agua como serpientes decorando la historia de “Leticia”. La voz de Nicolás Alfieri brilló en la oscuridad, y el bajo intervino con un acompañamiento cuyo fin último era subrayar las palabras del cantante. Fue entonces cuando, luego de tres estrofas transportadoras, Nicolás anunció la ruptura del grillete que Juan Pablo se encargó de destrozar mediante la bestial reaparición de la batería, para decantar en una intermission, con predominancia de bombo, que confirió dramatismo al segmento.

Un mar fluorescente se dibujó en la pantalla mientras Nicolás esperaba “Como un faro” que saliera la luna, perfecta y detallada, para poder cantarle. Tras un solo expresivo y melancólico como la poesía misma, una intro rítmica trajo “Al oscuro” con su  estribillo intenso, y estrofas de bombo y guitarras limpias y arpegiadas. “La dicha” y “Detener el tiempo” pasaron por el CCK antes de la invitación final a bailar. El público, que había adoptado desde el principio una actitud apreciativa como si se tratase de una orquesta sinfónica,  se puso de pie para la despedida. “Calendario” cerró la fecha con su característico riff punteado, un bajo presente, y un clímax con cambios de ritmo que acariciaron el punk rock para luego volver a su forma.

El paso de Todo Aparenta Normal por el Centro Cultural Kirchner fue una experiencia “desde el living”. Un show montado en base a la búsqueda del impacto desde la poesía audiovisual, que permitió la vibra contemplativa de la audiencia. La declaración inclemente de su mensaje y su música hacen de la experiencia TAN un viaje alucinante a paso firme que no da lugar al letargo.

Crónica: Julieta Galiano
Fotos: Rocío Romio

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