Sur Oculto @ Uniclub | 03.06.16

En la noche de un día movilizante e importante para todos como lo fue el viernes 3 de junio, donde una vez más el lema #NiUnaMenos se hizo carne en propios y extraños, sonaron músicas potentes y desafiantes en Uniclub.

Luego de participar un rato en la marcha, me tomo el subte línea B, parada Carlos Gardel, es la estación del Abasto. Diría Luca. No puedo dejar de recordarlo cada vez que transito esos lares.
Hace mucho que no venía a este lugar de la noche porteña, que poco a poco se fue convirtiendo en un punto más del circuito rockero de Buenos Aires. Con lugar para bastante gente, sin dejar de ser “abrazador”, y equipado como para sonar fuerte y brillar vasto.

Luego de una corta espera que me permitió adquirir mi merecido fernet con coca, arranca el show de los Defórmica. Había escuchado en las redes una parte de su música y sabía qué esperar, pero de todas formas me pareció una apuesta muy interesante.

La fecha venía en los papeles de música instrumental, ya todos sabíamos qué íbamos a ver, sin embargo y con alguna que otra experiencia al respecto, considero que es una parada difícil con el bombardeo de información que existe hoy día mantener la atención de un público abundante sin decir una sola palabra. Ellos lo lograron, por lo menos en mí.

Utilizando recursos musicales variados, logran sin hacer abuso del virtuosismo generar estructuras que resultan inquietantes y es ahí donde está el interés. Algunos riffs entrelazados entre las dos guitarras que generan acentuaciones rítmicas, dejándote con el headbanging a medias, pero que al final confluyen junto con la base potente de bajo y bata para que puedas darte el gusto y cabecear un rato.

El sonido y la estética de Defórmica es más bien setentosa pero no queda viejo, hacen honor a la vuelta de esa tendencia marcada por el indie y el stoner rock pero la toman para su beneficio y así lograr una imagen y un audio particular para el género en el que se mueven.

Después de casi una hora de música sin interrupciones, se despide Defórmica dejando melodías sonando en cabezas y oídos, y ganas de más.

Sólo algunos minutos hicieron falta para acomodar todo el fierrerío y poner a Sur Oculto arriba del escenario.
Es complicado tratar de explicar con palabras qué pasa con este trío cordobés de: ¿Rock, jazz, metal, hardcore? ¿Todo junto?. Sí, posiblemente es todo junto y más. La experiencia definitivamente debe ser vivida.

Escuchás los discos, e incluso los ves en aquel ReFa de canal Encuentro u otros que andan dando vueltas en YouTube y te das cuenta que hay un potencia terrible. Pero el vivo es otra cosa. Al límite del descone de parlantes, pelucas fueron voladas.

Con la formación y por momentos impronta de los míticos Emerson, Lake and Palmer, llevan aquella música y la ponen en la actualidad, pasándola por el filtro del hardcore y los sonidos rockeros más modernos.
No todo es bardo, claro está. Se generan climas intimistas con el piano sonando solo en melodías con suspenso sostenidas por armonías abundantes. Lo que hace que la vuelta del quilombo sea mucho más contundente.
El bajo de 6 cuerdas, colgado en la figura de un casi Vikingo, dispara notas desde el subsuelo y te tiembla hasta el hipotálamo. La bata es el complemento rítmico que marca la pulsión vital en esta música.

Uno a veces se pone a pensar en la música contemporánea, en los términos más academicistas de la palabra y se pregunta porqué está tan alejada del público en general. Bueno, estos pibes usan clusters (bloques de notas juntas, una al lado de la otra, que generan disonancia) compases irregulares (no 4 tiempos, como estamos acostumbrados), melodías atonales (no con escalas “predecibles” como escuchamos más habitualmente) y otros recursos que no vienen al caso revisar acá y ahora. Y así todo, hay un grupo generoso de monos abajo del escenario que saltan, cantan los riffs, revolean la cabeza y aplauden.

Sur Oculto es una banda “de culto”, pero está metida en el alma del under del rock, ¡y todo aquel que ande dando vueltas por allí tendría que tomarse un tiempito para pegarle una escuchada!

Crónica: Fede Iguera.

Comentarios