Richie Kotzen @ Teatro Flores | 16.07.17

En una noche de domingo, de las más frías que llevamos viendo en este invierno, toca encauzar rumbo y aparecer en el oeste, de la ciudad en este caso. El barrio de Flores donde se emplaza el Teatro homónimo, es el escenario para que un grupo bastante diverso de gente se reúna a compartir la música del gran y querido Richie Kotzen.

Para quien no lo conoce, Richie fue en otras épocas un, llamémosle, “guitar hero”. Con pasado en bandas ochentosas como Poison y Mr. Big, pero con un recorrido solista que fue evolucionando y mutando, aunque siempre de la mano del rock.

Hoy por hoy es definitivamente un artista que reúne lo mejor de ese rock y lo cruza con el soul, el funk y el jazz para lograr una música muy original y con sello propio. A esto hay que sumarle que además de todo lo virtuoso que es con la guitarra, canta de manera impecable con un timbre de voz muy particular, y últimamente agregó a su repertorio largos pasajes sentado al piano rhodes.

Llego al teatro alrededor de las ocho y aún faltaba tocar una de las bandas soporte. Escucho un poco y, no es porque sonara mal ni nada por el estilo, pero me pregunto ¿por qué siempre que Kotzen visita el país, las bandas invitadas son de un género que nada tiene que ver con lo que él toca?. En este caso una banda de power metal.

Finalmente llega el momento del show de Richie, quien aparece en el escenario acompañado por sus músicos en una actitud muy relajada. El público lo recibe con aplausos y vitoreos, pero con una actitud también muy familiar. Esta debe ser la sexta o séptima vez que visita nuestras tierras, con lo cual la relación con nosotros es más que fluida.

El trío lo completan Mike Bennett en la batería, percusión y cajón peruano, y Dylan Wilson en bajo y contrabajo eléctrico, ambos músicos excepcionales de los que hablaré más adelante.

Con el disco “Salting Earth”, salido este mismo año, Richie realiza como siempre una larga gira mundial bastante extensa que lo lleva por todo Estados Unidos, Sudamérica, Asia y Europa. Este último disco no difiere demasiado con sus últimas producciones, pero agrega más material al vastísimo repertorio de canciones, discos y géneros abordados por este artista quien desde sus comienzos como solista tiene más de 20 discos de estudio y colaboraciones con otros artistas como Greg Howe, junto con sus etapas ya nombradas en Poison y Mr. Big. A través de su discografía, recorre géneros como el rock y el hard rock, pero también la fusión instrumental, el soul, el funk y el jazz.

Durante el show de aproximadamente dos horas, Richie realiza un repaso, aunque muy resumido claro está, por toda su carrera y presenta unas cuatro o cinco canciones de este nuevo disco. Hay momentos de gran intensidad con el trío sonando de manera muy potente y con Kotzen haciendo un tremendo despliegue de destrezas guitarrísticas.

Promediando la noche, los ánimos se bajan un poco y llega el momento acústico con Richie en la guitarra acústica, Mike con el cajón peruano y Dylan con su contrabajo eléctrico. Aquí él les hace un lugar a sus compañeros de banda, que demuestran por qué acompañan a este artista. Durante todo el pasaje acústico, los solos son llevados adelante por el bajista que, tocando el contrabajo con arco, logra melodías muy interesantes y que conviven de manera perfecta con estas versiones de las canciones que en algunos casos tienen su original rockero.

Al finalizar esta sección del show, queda el batero solo con su cajón primero, y luego pasando a la batería para desplegar su caudal técnico y dejar a todos los músicos contentos.

Durante el show hay varios momentos en los que Richie deja un poco la guitarra y se sienta a acompañarse con el piano rhodes, lo que agrega un condimento tímbrico muy bienvenido.

Para finalizar la noche, la banda se despide con dos o tres clásicos a todo volumen y a toda emoción. Como siempre y una vez más, Richie Kotzen no falla y entrega una noche de rock de esas que te dejan feliz.

 

Crónica: Federico Iguera

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