Marilina Bertoldi @ Ciudad Cultural Konex | 18.11.17

El 18 de noviembre llegó por fin y muchas eran las expectativas en torno a esta fecha, anunciada hacía ya unos cuantos meses. Marilina Bertoldi eligió el patio de Ciudad Cultural Konex para la despedida de “Sexo Con Modelos”, un disco que le trajo muchísimas satisfacciones en este año y medio —casi dos—, y que sin dudas la ha puesto al frente de la escena local. Acompañada por Julián Montes en bajo, Guillermo Salort en batería y Brian Taylor en guitarra, desplegó su set eléctrico y llenó con su energía cada rincón.

Los muchachos de Programa serán los encargados de abrir esta noche. El clima es agradable, por momentos ventoso, y el ambiente, ameno. Se siente la ansiedad en el aire; se percibe desde el principio que esta será una velada de esas que no se olvidan fácilmente.

Pisando las 21 hs, el escenario está listo y son luces rojas las que anticipan que el show está a punto de comenzar. “Sexo Con Modelos” es el tema elegido para dar inicio, donde Marilina alternará guitarra y pandero, además de la ya clásica loopera. Bien plantada en el escenario, su actitud arrolladora no se hará esperar. Es casi como una marca personal, parte de su impronta, tanto como su pelo alborotado. El tema se alarga y sufre algunos cambios instrumentales, aunque sin sufrir: es como si se tomara el tiempo para disfrutar de cada cosa, de cada momento; sin apuro, estirándolo pero sin forzar. Esto se repetirá a lo largo de todo el show y será más que bienvenido.

Sin prisa pero sin pausa, dice el refrán. De este modo ensambla con “Puerto”, continuando con el pandero y moviéndose por el escenario; y en seguida le dará vida a “Puentes”, con toda la intensidad que esta canción lleva consigo. La intro de “Incendios” es el momento en que el público comienza a hacerse más presente. Volverá al pandero eventualmente, pero hacia el final lo dejará para calzarse la guitarra, tirar algunos sonidos y dedicarse a cantar. La batería toma una presencia sobresaliente, con lo que Guille Salort nos demuestra que sabe lo que está haciendo, y no se detendrá para el próximo tema.

Las luces titilan y Marilina revolea agua hacia el público, momento que da inicio a “MDMA”. Con este tema nos dará una sacudida. Despliega ante nosotrxs una versión que convoca y que se instala en el cuerpo; que pide entregarse a la cadencia particular y más pronunciada de las estrofas y a un estribillo que explota y es el clímax de la canción.

Sigue “Reaccionar”, enmarcada en luces de colores, y “Enterrarte”, la balada del disco. En esta, la conjunción entre la guitarra de Brian Taylor, algunos efectos nuevos y la profundidad del tema en sí, logra emocionar a más de unx. A mi alrededor, encuentro personas del público que lagrimean.

Ahora sí se tomará unos instantes. Mientras la banda se retira, habla con lxs presentes. Respecto a esta fecha, dice sentirse feliz y que “más que despedir es para festejar“. Se nota. Según sus propias palabras, lo próximo será tocar el tema que la hizo famosa en Japón: el cover de Nina Simone, “Feeling Good”. Este es uno de los momentos que, cuando llegan, suelen disfrutarse mucho. En esta ocasión, ocurre algo inesperado: Marilina prepara la loopera, y unos gritos eufóricos se cuelan en la grabación. A veces, soltar el control y estar abiertxs a lo que va ocurriendo, darle lugar a la espontaneidad y aprender a jugar con ello es una gran decisión que puede derivar en resultados geniales. No será la excepción. De este modo, los gritos quedan registrados y se repetirán una y otra vez a lo largo del tema, cuestión que desatará la risa del público en cada oportunidad. El tema, entonces, se convierte en una reversión nueva, intervenida por la euforia y por la risa.

Llega “Poción”, con ella sola en la guitarra y la loopera, y en el medio del tema volverá a entrar la banda. El bello final instrumental mutará en la intro de “Malabares”, donde la guitarra de Marilina y su ritmo al cantar, nuevamente, logran potenciar el efecto incisivo y provocador que de por sí ya tiene esta canción.

Es difícil describir lo que genera esta artista en vivo. El ensamble de las canciones resulta en un continuo de intensidades. Marilina es visceral, no sólo por sus letras, sino por el modo en que logra que su composición completa y su interpretación se te cuele por las entrañas. Cada canción tiene su propia magia, que es potenciada con su presencia, su actitud, sus movimientos. Emociones hay muchas, y Marilina sabe cómo despertar cada una de ellas. Y esto no podría ser posible sin la performance impecable de la banda que la acompaña. A su vez, las versiones renovadas de los temas, que manteniendo su esencia, incorporan pequeñas novedades, nos obligan a mantenernos siempre alertas. No es una mera repetición; no importa cuánto los conozcas, cuántas veces los hayas cantado: siempre hay lugar para la sorpresa.

En una nueva pausa, explicará que el fin de los pocos silencios es evitarse ciertos comentarios del público que le resultan desagradables. Como ha dicho en otras oportunidades, con esto se refiere a aquellos que surgen de esta tendencia machista de cosificar. En su caso particular, desestima y deja por fuera el verdadero objetivo de su presencia en el escenario.

Luego de presentar a la banda, anuncia que están a punto de traer al escenario un tema que nunca tocaron antes: “My Favourite Game”, un cover de The Cardigans. A continuación, “Órbita De Adiós”, “Quisiera” y “Rastro”, tema que, a juzgar por la reacción del público, es uno de los favoritos, y donde también incluirá efectos nuevos, sonidos distintos.

El final del recital se va acercando, y cuesta creerlo: es un show que se nos escurrió entre los dedos. Será el turno de “Cosas Dulces”, con sus riffs con mucho groove y su esperado solo de guitarra; y de “Y Deshacer”, donde deja todo en el escenario y en un gesto de complicidad, se acerca a sus compañeros y chocan instrumentos, como si dijeran con ello “misión cumplida”. ¿Qué podemos decir? Más que cumplida, muchachxs.

 

Fotos: Claudio Esquivel
Crónica: Guadalupe Romero

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