Huevo @ Teatro Vorterix | 03.06.17

Un sábado frío de junio es propicio a la búsqueda del calor. Y hablo de cualquier fuente: humana, artificial o incluso desde el Rock. No extraña, entonces,  haber presenciado un Vorterix atestado de gente el día 3 de este mes.

La cita fue propuesta por nada más y nada menos que Huevo, banda de rock que ya venía cosechando un éxito enorme en el público gracias a su primer trabajo discográfico, “Las Mil Diabluras”. El cuarteto liderado por Julián Baglietto deseaba desplegar todos los motivos que lo llevaron hasta aquí en el ex Teatro de Colegiales por primera vez en su no tan larga carrera musical como grupo con motivo de la presentación de su segundo disco, “No Todos Eren Como Ti”, ya ampliamente distribuido por las redes y escuchado incansablemente por sus seguidores.

Habiendo ingresado al recinto cinco minutos antes de la hora pautada para el arranque del show, pude disponerme cómodamente en la zona lateral de la valla con el asombro de que el lugar aún no estaba lleno. Tendría que pasar media hora más hasta que el espacio explotara por la asistencia del público. En una fecha donde varios mastodontes del rock pretendían llenar sus respectivos espacios, Huevo hizo lo suyo y pudo tachar el objetivo del Vorterix repleto. Hasta aquí faltaba el segundo cometido: hacernos pasar a todos una noche inolvidable.

Databan las 21:30 cuando empezó a sonar la tan ansiada música. Con “Nos Espera”, primer tema del nuevo disco, la banda comenzó a provocar el agite descontrolado en el público. A fuerza  de riffs poderosos, comandados por Sebas Lanz y Julián López Pisani, Huevo nos traía el augurio de que sería una noche a pleno rock. Un solo de batería descomunal de Tomás Sainz hizo despertar el primer aplauso de la noche y el final del primer tema.

Entre saludos, la banda se presentó y agradeció enormemente la convocatoria para luego retomar el paseo por cada uno de los temas del disco, diligentemente en orden. El público bailó y saltó al ritmo de Huevo de forma continua, iluminado cada tanto por enormes reflectores amarillos situados en la parte trasera del escenario.

Tras el segundo tema, ingresaron los vientos para acompañar las siguientes canciones, donde la gente colaboró entre pogo y danza, nunca quieta y siempre sedienta de más.  En ese vaivén de incansables sujetos nunca exhaustos, el disco se fue presentando tal vez de forma bastante vertiginosa, al punto de que, recién en el sexto tema, Julián se tomó un momento para intercambiar más de dos palabras con el público. Agradeció nuevamente y anunció que tocaría el disco completo –de pe a pa– para ingresar en el tema siguiente, con un solo final de Sebastián incluido que llevó a todos al éxtasis.

Se avecinaba el final del disco cuando ya se retiraron los instrumentos de viento. Varios temas ya se habían sucedido para cuando fue turno de “Carmen De Pantalones”, un bizarrísimo tema –muy al estilo de Huevo,  en verdad- y de “Josefina Y Sus Cantos”, algo distinto al resto: mucho más funk y con un impresionante solo de bajo de parte del señor Pisani.

Anunciando que llegaba un temazo de uno de los próceres del rock argentino, Luis Alberto Spinetta, comenzó, a su vez, “Tonta Luz”, cover extraído de Silver Sorgo también presente en el disco y ejecutado al estilo Huevo en un formato reducido con respecto al original. El tema invitó a que venga “Bien De Abajo” de forma consecutiva, sin parate, con los vientos ya de fondo nuevamente y con un espíritu similar al tema anterior, resultando en el punto más tranquilo y silencioso del público en el show hasta el momento.  Por ello, al grito de “¡no se olviden del agite, por favor!” cayó el anteúltimo tema del disco, “Pasan”,  que condujo al espíritu original del recital.

La banda agradeció enormemente al público por el aguante y la energía del show, pidiendo un aplauso a la gente que había asistido a acompañarlos en esta presentación del disco. “Mazapán” fue la encargada de cerrar, pues, el segundo trabajo discográfico de Huevo, con participación de una energía enorme desde el otro lado de la valla, dando cuenta que hambre de música aún había. Nada flojos y casi sin descanso –casi sin notarse el final de esta etapa del recital– apareció en la garganta de Julián la tan conocida frase “estamos locos, locos, queremos salir” de la canción “¿Qué Es Esa Música, Abuela?”, anunciado la vuelta al primer disco y con un acompañamiento aún mayor de los asistentes –tal vez por mayor conocimiento de los temas–.

Para la cartera del caballero y el bolsillo de la dama, con el sueño de hacer explotar más este Vorterix tan lleno de magia, planearon tocar también casi todo el primer disco. Posiblemente con algo más de confianza, Julián coreaba quiero ver la gente con las manitos en el aire” repetidas veces para comenzar el mosh que dio “Versos”. Pareció no bastarle esto, ya que, antes de arrancar con “Aeroscopía”, pedía aún más agite del público –algo que no faltó en casi ningún momento-.

Y allí, el momento del invitado: en total seriedad, pretendían presentar un participante externo que había viajado miles de kilómetros para participar del recital. Convencido yo –y casi toda la asistencia, por lo que luego me enteré- de que se venía un gran músico, quedé estupefacto con la aparición de El Hombre Araña. El personaje disfrazado saltó a hacer pogo con el público, que lo recibió levantándolo en el aire.

Luego de toda esta sorpresa, el hitazo: “Yo Le Vi” volvió a la garganta de los espectadores quienes a capella cantaron parte de la primera estrofa de la canción ante la sonrisa de la banda, que luego siguieron al público con el tema. El tema fue cantado completito por el público para encontrarse, de pronto, con las luces apagadas y un conjunto de haces iluminando a Sebastián Lans en la introducción de “Las Mil Diabluras”.

Unos temas más tarde, Julián se encargó de enumerar una larga lista de agradecimientos antes de arrancar con uno de los últimos temas, anunciando el final del show para desilusión de los espectadores: “Cable”. Con la vuelta de los vientos y “cables en el pasto”, la gente comenzó su ida hacia el paroxismo, hasta el punto en el que Julián hizo su improvisación de rapeo usual ya para los conocedores de la banda. Esto fue una invitación para que los vientos, luego, hicieran su solo y terminara el tema con una energía enorme.

Inevitablemente, el recital terminó con “Un Día En Serrano”, el tema históricamente más pogueado de la banda donde, haciendo caso a la tradición, Julián saltó al público tras el primer estribillo. La gente lo recibió brazos en alto, mientras él esbozaba una enorme sonrisa. Y claro, había llenado un Vorterix y conquistado los corazones de quienes asistieron esa noche. Esa energía no podía dejar de agradecerla y por ello, al volver al escenario, en una lluvia de confetti, terminó el recital junto a las tremendas bestias que tiene de compañeros. Con este amor, con tanta música, el show vio su fin.

Un Vorterix así invitó a volver a la reflexión que ya venía trayendo días atrás: ¿hasta dónde una banda es calificada como Under? ¿Qué barreras tiene que superar? ¿Qué escenarios tiene que llenar? Huevo demostró que viene pisando fuerte y se prepara para seguir destrozando aún más, con un progreso tan vertiginoso como fue el mismísimo recital, pareciendo que ya pronto superará ese calificativo. Sólo el tiempo nos dirá qué nos dará de ahora en más esta gran banda –aún joven- que parece que tiene mecha para rato.

 

Crónica: Javier Abbas
Fotos: Caro Pedace

Comentarios