Huevo + Superchería @ La Viola Bar | 27.07.16

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La música es, sin duda, un vehículo que no entiende de tiempos ni distancias. Mezcla culturas y se convierte en un idioma universal. Recicla y logra nuevas texturas, sin olvidar el verdadero origen de su esencia. Las bandas a menudo dejan ver la influencia de “los grandes” del rock, partiendo de allí en busca de lo genuino e innovador.

El Miércoles 27 de Julio, Superchería se subió al escenario de La Viola Bar, en un encuentro íntimo con un público reducido, para mostrar lo que la fusión y la propia impronta pueden lograr.

El clima del show fue construyéndose en base a la esencia mesurada de Spinetta, que ejerce su influencia de manera directa sobre Superchería. Esto se vio con claridad en canciones como “En vuelo”, de su nuevo disco Faros, que combinó las voces de Pira Bastourre  y Joaquín Álvarez en armonía, y una melodía ligera y agradable. Desde esa misma premisa, unieron al Flaco con el indie rock en unos breves minutos, con “El vacío”, y sus teclados espiralados combinaron con una base al estilo TheStrokes, comenzando así a crear el puente musical que atraviesa tiempo y espacio.

El ir y venir entre ambos estilos se mantuvo constante durante buena parte del recital, con intervenciones del bajo, que iba ganando presencia a medida que las canciones se iban sucediendo, como es el caso de “Lo que se fue”, que incluyó coros similares a los de la banda británica Arctic Monkeys. Una intervención de voces emulando la dulzura vocal de L.A.S. tuvo su auge durante “Real”, y fue entonces cuando la dinámica del show comenzó su leve transformación. El flujo de homogénea  melancolía que había predominado hasta el momento viró hacia un riff de bajo distorsionado, un tempo más alegre, e interesantes juegos de voces en “Primero”, del disco Una casa detrás.

Hacia el final, la banda fue encontrando potencia y complejidad en el desarrollo de sus canciones. Desde dramatismo en las voces, hasta la gradualmente creciente pisada del teclado y las bases, que culminó en una poderosa intermission de puro funk, allanando así el terreno para la segunda parte de la noche.

Al término de Superchería, el público se renovó en el altillo de La Viola a la espera de Huevo, que salió a dar cátedra sobre el poder del groove y el funk. Desde su acostumbrada pero siempre variada lista, que repasa su primer disco, Las Mil Diabluras, la banda de Julián Baglietto rompió la mística indie con “Yo le vi”. Y tras aludir a Tita y a Roger, Huevo presentó una seguidilla de tres nuevas canciones, pertenecientes al disco Saltar y Esquivar, siendo “Cuna” el más reciente estreno en vivo. “Carmen en pantalones” probó que el sonido de la banda no pierde impacto, ni siquiera cuando la propuesta en la poesía no esconde más que un chiste interno durante un viaje a Viedma.

Cerrando este breve segmento, sonó “Saltar y esquivar”.Fragmentada en diversos cambios de ritmo, esta canción funcionó como coctelera para la infalible fórmula de Huevo, que parece concentrar y aumentarsu calidad y energía en este nuevo corte. Con esta pequeña dosis de adelantos, la banda deja entrever la naturaleza de su nuevo material, que reafirma su estilo y  se renueva dentro de sí mismo en un cíclico y poderoso fluir entre Sáinz (batería), López Pisani(bajo) y Lans (guitarra). La frescura de las letras de Baglietto, y su encarnación en su propia y singular voz, terminan de ponerle el sello al innovador sonido de Huevo.

Tras la cucharadita de Saltar y Esquivar, el show continuó con “El que busca encuentra” y “Las mil diabluras”, manteniendo las vibras en alto de tal manera, que incluso la suavidad del reggae “Dónde está mi bolso” parecía impactar en el pecho con fuerza. En un desenlace concatenado que unió “Versos”, “Aerópago” y “Un día en Serrano”, el público fue testigo de la maravilla compositiva que caracteriza a Huevo en un cierre explosivo.

Crónica: Juli Galiano
Fotos: Aldi Gómez

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