Greg Howe @ La Trastienda | 30.09.16

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Hacía mucho que estaba anunciada la fecha y también hacía mucho que en el ambiente se esperaba que venga. Greg Howe, uno de los guitarristas “virtuosos” de la escena del jazz-rock fusión internacional es del puñado de guitarristas con un marcado estilo muy personal y original.

Para quien no está tanto en tema hay que decir que Howe es un músico que se abrió paso en el mercado musical durante la década de los 80 junto al surgimiento de otros guitarristas del llamado “shred” (término que remite al virtuosismo y velocidad en la ejecución guitarrística) como Jason Becker, Marty Friedman o Richie Kotzen entre otros. A comparación de muchos de ellos, él no se estableció en la escena tocando con alguna banda de metal o hard rock sino que trabajó durante varios años como músico de sesión (contratado por otros artistas para formar parte de una banda que hace de soporte para un solista). Así fue que tocó en las bandas de Michael Jackson y Justin Timberlake por ejemplo.

A su vez su estilo está mucho más emparentado con el Jazz que con los géneros progresivos o de Heavy Metal clásico, sin dejar de ser un guitarrista eminentemente de Rock.

Habiendo hecho un pequeño raconto de la extensa carrera del querido Greg, podemos ahora hablar entonces de la noche del viernes 30.

La Trastienda como venue se presenta muy bien indicada para el evento, una sala tipo café-concert en la que es habitual que se den este tipo de espectáculos. El show de Greg Howe en Buenos Aires se da en el marco del llamado “Guitar Fest”, que se realiza por primera vez en Argentina luego de varios años de llevarse a cabo en Chile. Un festival dedicado a la guitarra eléctrica, sobre todo en su rol solista y acentuadamente orientado a los géneros de rock/metal. Un encuentro básicamente orientado a retroalimentar un nicho que no necesita a priori de esa recirculación ya que pareciera estar desbordado y genera más aislamiento que proyección, desde mi punto de vista.

Así fue que el lugar no estaba lleno como se lo ha visto en otras oportunidades, aunque no por la calidad del artista en cuestión. Parece como si la música de Howe u otros artistas similares no fuese para todo el mundo y no es para nada así, ya que está llena de groove, melodía y emoción.

Previo a la “masterclass”, que más bien fue una charla comprometida con su carrera y muy divertida por parte de Greg, se realizó la final de un concurso de guitarristas virtuosos que previamente habían sido seleccionados. El ganador de dicha instancia tocaría más tarde en la noche junto al músico invitado.

Solo me limitaré a decir que cuando se pone a la música en lugar de competencia, quizás sin una intención espuria, se termina menoscabando la expresión de los que están en ella y a su vez la percepción de los que escuchan.

Durante la charla, Howe mostró un poco más lo transparente de su persona. A veces uno piensa que se pueden ver algunos rasgos de la personalidad del músico por como toca y en este caso se da. Un tipo sencillo pero con mucho para decir. Humilde, sincero. El highlight del momento de la oralidad se dió cuando un muchacho del público con muy buen tino, le acercó un Fernet con coca que Greg no dudo en probar y elogiar durante toda la noche.

A su vez, contestó algunas preguntas del público, tocó algunos ejemplos para mostrar una pizca de su búsqueda en la improvisación y composición y hasta se fue con la recomendación que esperamos siga, de escuchar algo del gran flaco Spinetta.

Luego, junto con una banda armada por excelentes músicos de acá, Howe tocó 5 temas de su repertorio salidos de su vasta discografía que cuenta con 8 discos solistas para finalizar haciendo una “zapada” con todos sus circunstanciales compañeros, incluido el ganador del concurso que se sumó y mostró conectar de manera expresiva con ellos.

Definitivamente este tipo de artistas, por su compromiso con la musicalidad y por su entereza personal y artística podrían alcanzar fácilmente un público menos segmentado si todos se hacen un rato para escuchar y si los que gestionan dicho segmento aflojan un poco la soga.

Crónica: Federico Iguera
Fotos: Aldi Gómez

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