Festival Isenbeck Rock N’ Chop @ Microestadio Malvinas Argentinas | 24.09.16

Birra y rock and roll

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Tras meses de espera luego de una suspensión inesperada, el 24 de Septiembre se llevó a cabo la fecha reprogramada del Isenbeck Rock ‘n Chop. Con un lineup que incluyó más de una docena de bandas, la jornada del sábado en el estadio Malvinas Argentinas ofreció segmentos para todos los gustos.

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El festival se inauguró con las presentaciones de Tres, Esencia Vudú, y Nokreo Experimento en el espacio indoor. El primer número del escenario principal le perteneció a Cabezones, quienes retornaron tras largos años de relativo silencio. La banda de César Andino tocó para los primeros oyentes de la jornada. Con un público renovado, donde predominaban rostros demasiado jóvenes, en relación a la trayectoria de la banda, Cabezones se desenvolvió con soltura, interactuando con la audiencia de manera fresca y llena de gracia.

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La creciente multitud se mudó nuevamente al escenario cubierto para disfrutar de veinte minutos de rock concentrado, de la mano de Bigger. Las palmas marcaron el tempo de la intro de “De sol a sol”. Las guitarras arpegiaron la melodía llena de brisa que recibe a la voz de Luciano Villacé en la primera estrofa. La batería rompió con la mesura y, como si estuviera coreografiado, el público respondió con un headbanging en sincro, que se reiteró en todas las estrofas, encarnando la energía irrevocable de la banda. Así, Bigger hizo un repaso a toda máquina de su último disco Contraviento, con canciones como “Tan lejanos”, “Mi devolución”, y “Fuegos cruzados”.

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El sol aún brillaba cuando “Loco bien” captó la atención de la gente hacia el escenario principal, donde La Franela ya arrebataba sonrisas, desplegando su energía con esas canciones “que sabemos todos”. A pesar de que el desarrollo del show contó con un sinnúmero de problemas de sonido, y desajustes en las voces y armonías, la lista de temas fue infalible a la hora de despertar alegría en el público. Parte de esto se debe al carisma símil Auténticos Decadentes de La Franela, que acompaña a la esencia de canciones como “Siempre”, una oda al matrimonio. Así también pasaron temas como “Fue tan bueno”, “Michael Focs”, y “Hacer un puente”, antes del final a puro coro con “Lo que me mata”.

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En un salto radical, en términos estilísticos, Jaque Reina se subió al escenario alternativo, y su música retumbó hasta el rincón más recóndito del estadio. Este power trío gutural no supone ninguna sorpresa, en lo referido a la exploración compositiva. Sin embargo, su presentación fue, en palabras de un poeta, “una cuestión de actitud”. El bajo, si bien no se caracterizó por la complejidad de sus líneas, fue absolutamente presente. Y su sonido feroz fue la clave para evitar que cayera la energía durante los solos de la guitarra. Con mensajes de revolución sin elocuencia alguna, de letras absolutamente viscerales, Jaque Reina proporcionó una dosis breve pero efectiva de contundente rock, abriendo camino al siguiente número de la tarde.

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Cuando el público, que ya había aumentado considerablemente en número, creyó que las letras de Jaque Reina habían despertado una llama de revolución en sus mentes, llegó la voz libertadora de Santi Aysine a probar que aún había mucho de qué hablar.  En un comienzo con fallas notorias de sonido, donde el micrófono hacía falso contacto y las guitarras se enmudecían de forma inesperada, Salta La Banca abrió con “El relato”. Testificar entre rugidos en contra de la corrupción, la alienación, y otros males que condenan al país, no fue suficiente para disimular las complicaciones técnicas del primer tramo del show. Lo cual decantó en imprecisiones de todo tipo, incluyendo entradas descoordinadas de los instrumentos en varias ocasiones.

“Heidi” y “Brújula” volvieron al 2013 para convidar un poco de la esencia Visceral que caracteriza a la banda. La guitarra de Juanjo Gaspari, anticipó “Invierno tibio” en una intro de distorsión exagerada, y el distintivo solo de saxo que interviene en el tema derritió el escenario. Aun así, las notas alcanzadas por el instrumento no lograron opacar la performance de Aysine. El huracán que se gesta en su garganta al entonar no solamente es intenso y avasallante, sino que es versátil y logra aminorar hasta convertirse en una suave y mecedora brisa. Su rango vocal le permite lo imposible, y la ejecución en vivo del tema “El jardín de mis agonías” fue prueba fehaciente de ello. Para este entonces, el sonido había logrado ajustarse lo suficiente como para notar la labor del bajista, que con sus seis cuerdas agregó complejidad al segmento.

El último tramo de la presentación trajo consigo canciones como “Vosotros” y “Seremos”, para luego dar el batacazo final con “Que salte la banca”.

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Pero si se trata de un sonido tan feroz, que se siente como si cada instrumento fuera un hachazo directo al cráneo, entonces es menester que el lector imagine la luna de la noche del Sábado 24, bien alta y en calma. Una vez que la imagen haya serenado sus pensamientos, entonces deberá visualizar las luces del escenario apuntando a los tres miembros de Eruca Sativa que, empuñando sus armas, dispararon el riff despiadado de “Magoo”, descargando así el salvajismo virtuoso de su música sobre el público enardecido.

La intervención del power trío en el Isenbeck Rock ‘N Chop fue, nada más y nada menos, que una inyección de adrenalina. “Para que sigamos siendo” y “Fuera o más allá” mantuvieron las energías iniciales, para luego pasar a la power ballad “Amor ausente”. El desgarrador sentimiento de la voz de Lula Bertoldi se mezcló con su guitarra, que gritó un solo dolido como el aullido de un lobo a la luna. “Queloquepasa” puso las manos de Brenda Martin al frente, y la magia del slapping dominó el escenario. Apenas era creíble que sólo tres personas pudieran lograr un sonido tan ajustado. Finalmente, “Paraíso en retro” dio cierre a la avalancha que Eruca Sativa arrojó sobre el festival.

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La multitud, ahora con apetito de calidad, apresuró el paso hasta el escenario alternativo para recibir a Marilina Bertoldi. “Sexo con modelos” estalló tras un preludio de neblina sonora generada por el sinte. Bertoldi jugó con intervalos de silencio, prolongándolos indefinidamente antes de retomar el curso normal de la canción. De esta manera, experimentó con diferentes climas que la destacaron entre todas las presentaciones de la jornada.

La cantante logró mantener la energía avasallante de la banda de su hermana, aunque se diferenció de ella ampliamente en lo referido a lo vocal, dado que su estilo es mucho más melodioso y amigable. Esto se apreció incluso en canciones como “MDMA”, donde, a pesar de intención e intensidad de la canción, la prolijidad fue una constante. Con una intro durante la cual grabó sus propios coros, para luego utilizarlos a lo largo de la canción “Reaccionar”, Bertoldi propuso una dinámica diferente a las ya vistas. Con una power ballad que reposicionó a la bajista en los teclados, “Enterrarte” fue la calma que antecedió a “Rastros”, cuyo riff contundente fue como un latigazo de energía. La mixtura entre el funk y el reggae en “Cosas dulces”, junto con “Y deshacer”, cerraron la presentación de Marilina para reenfocar la atención hacia el escenario principal.

Allí se dio inicio al festival de los pijamas, que tiñó de color al Isenbeck Rock ‘N Chop, con Bersuit Vergarabat gritando “Aquí estamos”. Directo desde arcón de los recuerdos, la banda desempolvó “Perro amor explota”, y “El tiempo no para” (que, a pesar de ser original de la banda brasilera Cazuza, resulta no sólo atemporal sino también bien nacional. Al fin y al cabo, somos todos Latinoamérica). “Porteño de ley” contó con la presencia de Bebe Contepomi como invitado especial en el escenario, en un segmento candombero que puso al estadio Malvinas a bailar. “Cachaca” y “Sr. Cobranza” elevaron las voces del público, para que finalmente “La argentinidad al palo” hiciera estallar las gargantas arriba y abajo del escenario. “Si no hay nuevos titulares, entonces que haya memoria”, pidió el Cóndor Sbarbati, y comenzaron los chistes sobre esas noticias de ayer y de hoy, que conforman nuestra historia.

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Bersuit se despidió, finalmente, con “Me voy” para que, cuarenta minutos más tarde, Illya Kuryaki and the Valderramas hiciera temblar el estadio con su funk arrasador. Poniéndole así un broche de oro a la jornada del Isenbeck Rock ‘N Chop, donde la variedad de bandas mezcló a sus públicos en una mixtura que muestra que la esencia unificadora del rock sigue viva, y está más vigente que nunca.

Crónica: Julieta Galiano
Fotos: Matías De Leis Correa para De Atar Contenidos

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