Fernández 4 @ La Tangente | 08.06.17

Esta vez la fría trasnoche de la escena porteña me lleva hasta los no tan recónditos escondites de un Palermo que es cada vez más grande y cada vez más Hollywood. La cita es en La Tangente, un bar con la mejor pinta de club de jazz moderno, mucho diseño y estética neoyorquina.

La música de hoy la trae el particularmente bautizado Fernández 4, siendo que son cinco músicos en escena. Rápidamente se advierte en cualquier entrevista a su fundador, Cirilo Fernández, que en principio eran cuatro. Esta, junto con la del miércoles 7, serían sus únicas dos presentaciones en el año, debido uno supone a compromisos de los componentes de la banda. En el jazz y sus subgéneros es común que suceda este tipo de cosas con las agrupaciones.

Cerca de la 1 a.m. ya del viernes, arranca el show del quinteto integrado por el ya nombrado Cirilo Fernández en teclado (responsable de la producción de la música de esta banda), Nicolás Sorín en voz, sintes y efectos, Sebastián Lans en guitarra, Mariano Sívori en bajo eléctrico y Daniel “Pipi” Piazzolla en batería.

La música que propone Fernández 4 es de una riqueza y eclecticismo imponente desde los primeros acordes. El jazz es el elemento organizador del sonido, sobre todo en la dinámica del grupo, los espacios de improvisación y los recursos musicales utilizados, pero ahí adentro también están el rock, el soul, el pop, el hip-hop y la electrónica por sólo dar un pantallazo.

Como es de esperarse, se ve un despliegue técnico importante de parte de cada uno de ellos, sin llegar a un virtuosismo absurdo que a veces aburre y no cuadraría del todo bien en lo sutil y elegante que el grupo propone. Un momento para el lucimiento de cada cual, siempre como consecuencia de una necesidad de cada tema.

Por las propias características de las músicas que se suceden, el show va tomando distintos climas. Por momentos la intensidad explota en un riff potente que toda la banda lleva adelante y por otros se crea un clima intimista con el piano solo tocando una introducción con gran riqueza armónica, clásico del jazz.

Por otra parte la dimensión basamental de la música está llevada adelante de manera en que el público responde en sincronía y se logra un ambiente de comunión especial. Las rítmicas desarrolladas siempre en una direccionalidad clara, te hacen bailar, te hacen moverte en una especie de balanceo, te hacen sorprender con algunos cambios inesperados o subirte arriba de una patrón que aunque puede ser irregular, genera un estado de suspensión agradable.

Durante todo el show se dan situaciones de un humor cómplice con el público, casi de interna. Parece que estamos en familia. Cirilo bromea tocando parte de un tema de Octafonic, la otra banda que comparte con Sorín, quien a su vez se permite esbozar algunas melodías de cumbia acompañado por Pipi Piazzolla con quien dice estar encarando un proyecto en este género.

Luego de casi dos horas de música, con bises incluidos, el show llega a su fin y la trasnoche palermitana queda resonando con acordes de novenas y vocoders de modulación en anillo.

 

Crónica: Federico Iguera
Fotos: Claudio Esquivel

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