Elefante Guerrero Psíquico Ancestral + Güacho @ Niceto Club | 24.11.17

5 años de historias mudas

Foto: Grizzly FV

Este es un ensayo sobre la incoherencia… Si se le puede llamar así.

Para entender el motivo de esta aclaración, tenemos que saber cómo funciona la estructura musical, en mayor o menor medida. Una canción tiene partes, generalmente llamadas versos, estribillos, puentes, introducciones y finales. Estas piezas son ordenadas para acumular “tensión” y liberarla según se requiera, y conforman una curva de progresión. Todo esto puede sonar sospechosamente similar a cómo se escribe o narra un relato, y no está más lejos que eso: las canciones son relatos, salvando las distancias del lenguaje escrito al musical. Y después de toda esta explicación técnica… ¿A qué carajo quiero llegar? La respuesta va a ser más larga de lo que creo, pero para ser concisos: Este grupo de individuos, sin un componente lírico ni vocal, sabe contar historias, y como si fuera poco, lo logra sin querer tener una estructura en lo más mínimo.

Fin.

Me olvidé de la parte en la que esto es una crónica, así que voy a tratar de desarrollar lo anterior mediante hechos, mejor vamos por el principio:

Vestigios de los ácidos 70s son sacados de un bosque denso por Güacho, el trió de garage, en lo que podría ser el hijo bastardo y ocultista de Jimi Hendrix Experience y Pappo’s Blues, continuando la presentación de su tercer volumen apropiadamente titulado “La Persistencia De La Memoria”. Esto deja todo preparado para la celebración de estos ‘5 años ancestrales’.

La apertura queda a cargo de la novedad conocida que es “Ragnar Lothbrok”, single que desvelaron previo a la presentación. Lo que lo sucede es más que una suma de piezas instrumentales, es un refuerzo del patrón que elaboro como maniático a medida que los dedos pisan las cuerdas y las baquetas impactan los cuerpos. Piezas como “Entre Dos Mundos” y “Emperador Elefante” o la ya mencionada “Ragnar” y “Heisenberg” -apertura de su único LP “El Camino Del Guerrero”- conviven sin interrupción, sin molestarse en su disparidad melódico-rítmica, resultando en un acto que podría compararse con un zapping sónico, completado con una kinestesia inesperada por parte de músicos de carácter tan técnico.

Impredecible, anticlimático y carente de cualquier conceptuosidad tradicional, son todas calificaciones que serían negativas en la mayoría de los casos, pero no en esta excepción. El rompecabezas absurdo que conformó este festejo, el ‘Feliz Cumpleaños’ cantado por el público y el brindis con botellas de whisky marcan un punto de evolución, un momento en el que lo anómalo se vuelve trascendente, y todas estas “fórmulas” que nos impusieron desde la música popular dejan de ser reglas para volverse barreras… Y las barreras están para traspasarlas.

Por 5 años, Elefante Guerrero encontró su público, su sonido y su voz colectiva. Lo único que les queda es seguir creando sus paisajes, sus mundos, sus historias. Por esta y más historias, ¡salud!

 

Crónica: Yaco Weiman

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