El Bordo @ Luna Park | 22.05.16

(Foto por Irish Suárez)

Los hashtags en Twitter lo venían reclamando hacía mucho tiempo. Incluso cuando la banda anunció en 2014 que tocaría en el estadio Malvinas Argentinas, la gente pedía “#ElBordoEnElLuna”. El 22 de Mayo de 2016, El Bordo finalmente pudo pisar el escenario del Luna Park con treinta y una canciones bajo el brazo. La energía que suele caracterizar sus recitales sumió al público en un frenesí equivalente a la ansiedad de la espera.

La banda fue recibida con una ovación desmesurada por parte del público. El Bordo llegó al Luna, agotando las localidades. Cada entrada vendida era ahora un rostro iluminado por las luces del escenario, sumido en un mar de aplausos. Sin embargo, la emoción de ver concretado el sueño no fue suficiente para hacer la vista gorda a la delgadez del sonido durante la primera canción del show, “Soñando despierto”, del disco Yacanto (2007).

Tal vez fue producto de los nervios ante un Luna a sala llena, o un error del sonidista, que tuvo como resultado un bombo prevaleciente ante el sonido de la guitarra de Diego Kurz y el teclado a cargo de Leandro “Cuervo” Kohon. El vigoroso bajo de Pablo Spivak era apenas un colchón suave que sostenía débilmente a la guitarra de Ale Kurz. El avasallante sonido de El Bordo se mantuvo falto de energía incluso durante canciones como “En la vereda” y “Diente de león”, cuyo concepto es la denuncia, y requieren una interpretación contundente en tanto a sonido y presencia.

“Quiero ver” ayudó a la banda a posicionarse sobre el escenario, contando con el respaldo de los bronces, y el dulce punteo de guitarra que ilumina la canción desde su intro. Con la reversión de “Tipo nuevo”, amalgamada al estilo de su último disco Hermanos, la impronta de El Bordo tomó más nitidez. Entonces Ale logró una mejor pisada reconociendo el espacio, evidenciando así un gradual amoldamiento. Fue con las primeras notas del desgarrador riff de “Dejar caer el sol” que la banda se sacudió todo refreno de encima. El bajo encontró su característico protagonismo, componente fundamental para la contundencia de El Bordo, mientras que la Firebird de Diego Kurz salió de las sombras del bombo, tomando cuerpo.

Las banderas flameaban en el estadio con el aliento del público “bordolino”, haciéndose eco de la voz de Ale a la hora de corear “Tesoro”. Una canción que encuentra raíces en el folklore, armónica al frente, y una letra que desafía a los que alguna vez encasillaron a la banda dentro del limitado género del “rock barrial”. Su mensaje sobre la lucha constante en pos de la autosuperación, plasma con fidelidad la trayectoria de El Bordo, que hoy tiene como resultado un recital de la envergadura del Luna Park.

El termómetro del escenario escaló abruptamente cuando las luces apuntaron a Pablo Spivak y sus cuatro cuerdas reverberantes, para la intro de “Paseo Lunar”. Contando con la presencia de los bronces, exquisito complemento para esta canción cargada de groove y sensualidad, las vibras se continuaron en la oda al teasing, “Así”. A su término, el vals “Con el cuerpo a la mitad” encontró manos elevadas en el público, acariciando la melodía, hasta que esta mutó en un estribillo punk rockero, llevando a los bordolinos a la locura.

Como es habitual en los recitales de El Bordo, el clímax del show contó con invitados especiales. Previo a la presentación del primer invitado de la noche, Ale aprovechó para hacer mención de La Renga, banda que supo apadrinarlos y que ha sido motivo de inspiración durante los diecisiete años de la banda. Fueron también nombradas bandas como Manal, Vox Dei, y artistas como Spinetta a la hora de enumerar influencias. Finalmente, el menor de los Kurz le dio la bienvenida a Ricardo Soulé, quien se subió al escenario del Luna para acompañar con su violín la canción “A dónde vas”, y luego tomó el micrófono para una suntuosa interpretación de “Libros sapienciales”, de Vox Dei.

Claudio “el Tano” Marciello, guitarrista de Almafuerte, también se unió a los hermanos Kurz en el escenario. Sus guitarras rugieron acusaciones en “La patada”, junto al gutural bajo de Spivak, el teclado de El Cuervo, y los vientos que agregaron énfasis al fraseo de los Kurz y el Tano. La batería de Migue Soifer, con sus cortes en el tempo y su brutalidad, termina de formar el carácter de esta canción, que encuentra su final en un mantra que va in crescendo, hasta culminar vociferando a todo pulmón la certeza de que “la revolución está en las mentes”.

La lista de invitados al gran evento de El Bordo incluyó, además, a Maikel y El Mono, de Kapanga. “El que no quiere al Mono, no quiere ni a su mamá”, sentenció Ale ante la carismática entrada del cantante al escenario. Juntos interpretaron “Silbando una ilusión”, con un solo de  Maikel que puso la firma de Kapanga al pie de la canción.

Entre los momentos destacados de la noche, se encuentra “El Grito”, con Soiferdándo cátedra desde lo alto del escenario en un solo de batería incendiario. Así también“El traidor”, una canción a estrenar en la ocasión. El riff introductorio y la labor de Soifer dejaron en evidencia desde el principio la influencia de La Renga a la hora de componer. Sin embargo, la letra, que había sido publicada días antes en las redes sociales, mostró una clara regresión de El Bordo a la temática de sus primeros discos, contradiciendo el crecimiento notorio de Alejandro como escritor durante los últimos años. Aún así, la energía del tema homologaba a la banda de Chizzo Nápoli de tal manera que fue imposible no empatizar con “El traidor”. Una outro melódica sin perder la potencia predominante de esta nueva canción fue más expresiva que el contenido lírico, y se ganó la ovación del público.

Sonó también el tema homenaje a los “bordolinos”, la “Juguetes perdidos” de El Bordo, que es la pieza clave de sus recitales. El llamado “agite” muestra su lado más apasionado en esta canción, que une de manera permanente a la banda con su público. En palabras de Ale Kurz, “si nosotros estamos acá, es porque ustedes nos trajeron”, y el agradecimiento se materializó en este abrazo general llamado “La banda”. La versión fue dedicada al padre de los hermanos Kurz en su cumpleaños, y terminó con Ale cantando y tocando en el piso.

Tras el momento de unidad masiva, llegó la introspección de la mano del último invitado de la noche. Ale Vázquez, productor del disco Hermanos, aportó su guitarra y su voz para los coros de “Instinto”, entrando así en la última pierna del show. Pasaron temas como “Cansado de ser”, “A mi favor” y “Hermanos”. Con el candombe “Los perdidos”, el escenario quedó vacío para dar lugar a los bises. Mediante una modificación de último momento, se incluyó a la lista “Guerreros del viento”, que elevó las voces del público coreando al saxo durante su introducción. Así sonó también “Existir”, con Ale luciendo una remera que rezaba “Gracias” y la fecha del show, festejando el paso de El Bordo por Luna Park. “Nosotros vamos donde ustedes nos lleven”, añadió, atribuyendo el triunfo a su público.

Finalmente, la banda se despidió con “El regreso”, característica por su intro explosiva, que se desglosa auditivamente como un caos ordenado, un fenómeno natural expresado mediante dieciséis cuerdas, un teclado, y una batería.  El reconocido estribillo fue coreado hasta que se desgarraron las gargantas, y los puños agitándose en el aire se convirtieron en un colchón para Ale, quien se tiró del escenario para ser recibido triunfalmente por un mar de manos que lo esperaban con alegría.

Después del ritual de despedida, que incluye lanzamiento de listas de temas, púas, palillos, y remeras al público, El Bordo se retiró del escenario tras dos horas y media de show, habiendo cumplido un sueño. “El primero se pasó rapidísimo”, dijo Ale, dejando abierta la posibilidad de que se repita otro Luna.

Crónica: Julieta Galiano

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