El Bordo + Cielo Razzo + Rivales @ Salón Rock Sur | 10.09.16

Un bordolino bajo el cielo del rock.

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No hay fórmulas infalibles, sólo buenas combinaciones. En un país donde la pasión por el rock apenas logra distinguirse de la idiosincrasia futbolera, que acarrea consigo rivalidad y competencia, la llamada “hermandad entre bandas” resulta no sólo enriquecedora para el público, sino también para las bandas emergentes y consagradas. Y es por eso que fechas conjuntas, como la de Cielo Razzo y El Bordo el 10 de Septiembre en Salón Rock Sur, resultan tan significativas para una generación de fanáticos que ya no puede concebir enfrentamiento en la música.

La noche del Sábado en Salón Rock Sur comenzó con Rivales amenizando el ingreso del público. Con gran presencia de vientos y una actitud fresca, la propuesta de reggae y ska de la banda de La Plata logró dejar una sensación de identidad consolidada, energía, y real contenido en su música. Como momento culmine de la lista, que repasó su primer disco Rivales, el tema de cierre “Cosas por vivir”, con matices de Árbol y La Vela Puerca, aumentó el termostato del escenario para recibir a Cielo Razzo.

En un inicio incómodo, donde la voz de Pablo Pino fue llanamente inaudible, “Quizás si” se sostuvo con uñas y dientes del bajo de Narvy. Ninguna de las guitarras pudo socorrer la falencia del sonido. La batería, junto con las cuatro cuerdas, mantuvo la base lo suficientemente al frente para no caer aún más. “Caminando” desenterró a Pino del silencio total, aunque, desafortunadamente, el público prescindió del característico punteo introductorio del tema, dado que la guitarra principal seguía enmudecida.

Mediante la incorporación de una guitarra acústica, en manos de Pablo, y el acordeón a cargo de Nahuel Marquet, “De ogro” logró ajustar el sonido. A partir de ese momento, la audiencia comenzó a disfrutar del Cielo Razzo que quería ver. Con un Pablo histriónico y carismático al frente, haciendo pleno uso de su voz sin refreno.

“Perros” llegó desde el disco Buenas, convidando una potente cucharada del bestial Javier Robledo en la batería, para que luego una outro de percusión le pusiera la cereza final al segmento. “Cochico”, con Pino empuñando el ukelele, dio paso a “La roca” con su intro de percusión, guitarras con wah, y su esencia funky que decantó en un estribillo de puro punk. “Demás” trajo consigo una sensación de símbolo, como un himno, y encontró una reacción desmedida en el público, al igual que “Chapa y bandera”.

Durante la última pierna del show, Cielo Razzo invitó a Quique Constant, de Rivales, a cantar “Ventana”, el primer corte de difusión de Tierra Nueva. Una vez más, la actitud de Quique refrescó la energía del escenario, y allanó el terreno para un solo demoledor de Javier Robledo, precedente a “Televicio”. Una última invitación trajo a Ale Kurz, de El Bordo, para cantar “Luna” en un segmento de unión, no sólo arriba y abajo del escenario, sino entre ambos planos.

Finalmente, “Luminoso” cerró la presentación de Cielo Razzo, dejando al público en el punto exacto de excitación para recibir a la banda de los hermanos Kurz.

El primer arrebato de locura vino de la mano de “Huellas” y, ya desde su comienzo con Ale al frente en voz y guitarra, pudo apreciarse la claridad y contundencia en el sonido de El Bordo. La fuerza de la canción que eligieron para abrir el show retomó desde donde Cielo Razzo había dejado, en pos de redoblar la apuesta. Y tan así fue que, incluso en comparación con la banda saliente, que había logrado una hora y media de rock en su máxima potencia, El Bordo resultó ser una bocanada de aire fresco.

La lista de veintidós temas no discriminó estilos ni épocas, e incluyó canciones como el rocanrol milonguero “Te devoran”, y la reversión de “Tipo nuevo”, que fue acondicionada al estilo actual de la banda. Es característico de El Bordo el constante retoque de las canciones “de siempre” (y no tan de siempre), que hace que cada experiencia en vivo sea diferente a la anterior. Desde intervenciones de los vientos, arreglos de bajo, y solos adicionales que perfeccionan los shows y los vuelven más frescos. Incluso la modificación parcial de algunas canciones como “Con el cuerpo a la mitad”, que mezcla vals con punk rock en una combinación explosiva.

Entre los momentos destacados de la noche en Salón Rock Sur está el reencuentro de los fans con “Vientos de locura”, que puso a Leandro “El Cuervo” Cohon al frente con la armónica para este pesado cóctel chamánico y erótico. Luego, la dulzura de “El día no me avisó” seguida por “Descerebrados”, que acaricia el estilo del rock californiano, decantó en “El grito”, con gran presencia de armónica y base de candombe, en un fragmento lleno de saltos temporales y vibras fluctuantes.

Ale Mondelo, de Las Pastillas del Abuelo, fue el invitado de la noche, y acompañó a la banda con los teclados durante “Así”. Tras la dosis de rocanrol, vino la balada “¿A dónde vas?”, y la versión bordolina de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, “Jazz Barrial”.

Llegando al final, “La banda” encontró a Ale tocando y cantando en el piso. “Soñando despierto” tuvo su outro concatenada con “La Nave del Olvido” de La Renga, con la luna posada sobre el techo de Salón Rock Sur. El bajo se lució en “Los Perdidos”, otra canción alusiva al público, representativa para los seguidores de siempre. Y el clásico final arrebatador, “El regreso”, coronó la noche con su caos cargado de sentimiento, como cualquier retorno a la ciudad que trae consigo una epifanía de revolución.

En una doble dosis del rock de una generación que vio lo suficiente como para saber que la música une y no mata, Cielo Razzo y El Bordo dejaron en el escenario de Pompeya una razón para nunca salir de esa convicción. Y además, la sensación de que en el cuerpo no entra la alegría de ser parte del mundo del rock que nos toca vivir hoy.

Crónica: Julieta Galiano

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