Luca Bocci @ Sala Caras y Caretas 2037 | 30.12.17

Un fin de año de danza y puentes amarillos

Foto extraída de su web oficial.

El teatro es el terror máximo del artista, y especialmente para el músico es un trago difícil de tomar, pero no para este señorito mendocino. Habiendo aceptado desafíos desde el principio de su carrera, este era sólo un tick más en la lista, y se marca bien fuerte y con rojo sangre.

La introducción queda a cargo de Fonso, un amigo de las lejanas tierras de Castelar (no para quien les habla), entregando una recopilación de pasajes y fraseos al que le llama canciones, en donde la acumulación y prolija armonía ensalzan el bailable popurrí de su nuevo y extenso disco ‘Some Plays’, acompañados por una drum machine sacada del House que resulta ser apropiado en la combinación. Para dar una última nota de color, el ultimo collage de ‘Crimen’ y ‘Bajan’ resultó ser la versión mas carismáticamente desprolija que escuché en memoria reciente.

La entrada del acto principal denota una clara falta de ego: Luca llega, afina su guitarra, la intro suena, y la danza comienza. La fidelidad hacia su único material discográfico brilla en cada arreglo y  modulación de voz, aflorando ese misterioso aura de sensualidad que lo caracteriza musicalmente. En una fecha que debería ser retrospectiva nos encontramos con una mirada hacia adentro y hacia adelante, escuchando sus pensamientos en voz alta en presencia de sus compañeros de banda…hasta que se queda solo para abrir el alma y proyectarla a un grupo de butacas ocupadas. Las dudas, deseos y confesiones de este ya renombrado “eterno adolescente” culminan con una rendición al más grande profeta de la música nacional, enunciando su Cantata en la que “mañana es mejor’. La banda vuelve y el cierre se extiende más de lo creído, llegando a completar su material y llenar el álbum de figuritas con momentos para guardar. Y no hablo solo por el público.

Hay muchos adjetivos para describir a esta revelación, desde prometedor a prodigio, pasando por inolvidable e innato, pero por más que suene banal, es uno el que destaca, y es ser el más humano. Porque este acto, bajo sus propias palabras, no es más que “lo mismo que yo pero del otro lado”, y salvando las casi abismales distancias, lo entiendo y abrazo conceptualmente. Uno puede ser el mejor ejecutante, pero el mejor siempre va a ser el igual con su gente. Y Luca, al ser un igual, es alegremente un gran distinto.

Crónica: Yaco Weiman

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